Casos de Coaching III

Siguiendo con los casos de Coaching, los cuales han dejado huellas en mi propia vida, por lo que estoy agradecido de la oportunidad de “haber tocado las vidas de estos seres humanos”, les traeré en esta oportunidad otros dos.

Antes de seguir, recomiendo al lector releer el artículo previo: “Casos de Coaching I” (ir al link: http://goo.gl/CZdVCq).

Caso 4: Hombre de 41 años. Casado, con dos hijos, y ocupando una buena posición en el área administrativa de una gran empresa. Aunque su desarrollo profesional le permitía reconocerse varios logros, tenía la sensación de poder estar mejor. Su quiebre estaba relacionado con que regularmente se sentía abrumado por la presión laboral, y no entendía por qué le costaba tanto gestionar las innumerables exigencias que recibía.

Luego de hacerle algunas preguntas para indagar sobre cómo se desarrollaban sus actividades profesionales pude escucharle que, a pesar de haber recibido talleres de administración del tiempo, se le hacía muy difícil gestionar satisfactoriamente sus múltiples actividades. También descartó que su dificultad para manejar satisfactoriamente el tiempo pudiera estar relacionada con falta de apoyo o de no saber delegar.http://goo.gl/0MFbT

Al preguntarle ¿qué pensamientos te llegan si te dicen que te van a asignar tres tareas igualmente urgentes que debes hacer tu mismo?, su repuesta fue “algo va a salir mal”. Entonces le pregunté ¿alguna vez te ha salido mal algún trabajo en condiciones similares?, y su respuesta, casi inmediata, fue “NO”, pero añadió “de niño mi papá me regañaba si, en temporada escolar, me comprometía con más de una actividad deportiva, y peor aún si quería ir de excursión a la montaña con un grupo de senderismo al cual pertenecía”.http://goo.gl/f198t

Le pregunté, entonces, ¿qué te diría tu papá hoy si supiera que tienes que entregar tres proyectos igualmente importantes para una fecha cercana? Y su respuesta fue “seguramente me animaría y me diría que estaba seguro de que yo podía lograr hacerlo bien, porque siempre lo había hecho”. Casi de inmediato su cuerpo se relajó y su expresión facial fue de serenidad. Fue como si hubiera obtenido el permiso de su papá para realizar varias tareas simultáneamente.

Seguidamente le pregunté ¿qué harás de ahora en adelante cuando tengas que enfrentar múltiples tareas? Me respondió: “luego de asegurarme cuál(es) debo hacer yo y cuál(es) puedo delegar, así como de definir el orden según las prioridades, le voy a ofrendar mi trabajo a mi papá para sentirme orgulloso de que sus enseñanzas fueron para bien, aunque en ese momento no pudiera entenderlo”. Me dijo que se sentía muy bien y como si se hubiera liberado de una prohibición.

Caso 5: Mujer de 34 años. Soltera. Profesional exitosa. En este caso el quiebre era que recientemente, su novio de dos años de relación, había terminado con ella porque sentía que ella le expresaba muy poco su cariño. Esto le hacía sentir que tal vez ella no había nacido para una relación de pareja, ya que en los últimos siete años había tenido otras dos relaciones que habían terminado de manera similar.

Comencé a preguntar sobre su relación con sus padres, o con alguien que haya tenido un gran significado para ella. La relación con los padres fue buena, aunque no acostumbraban mucho las expresiones de cariño. Esto me explicaba parcialmente lo que podía estar ocurriendo, pero debía haber algo más.

Al insistir apareció un gran amigo de la adolescencia, en los años escolares, a quien ella quiso mucho y él a ella. Eran realmente amigos muy especiales, hasta que llegó una joven nueva a su escuela que se las arregló para enamorarlo e hizo que él no le hablara más a ella. Luego la cambiaron de escuela y se olvidó de todo esto, tanto que me costó bastante que lo recordara. Le pregunté: ¿recuerdas si después de lo ocurrido con aquel joven tomaste alguna decisión importante?, y después de unos instantes de silencio me dijo “si, me dije a mi misma que nadie me haría daño si yo no le entregaba mi cariño”.

Era evidente que esta coachee se había impuesto un “no sientas” para evitar volver a ser herida. Posiblemente no la volverían a herir más, pero se estaba perdiendo de dar y recibir cariño. Por tal motivo comencé a hacerle preguntas como ¿de qué te estás perdiendo?, y ¿qué arriesgas cuándo te expones ante otras personas? Esto la fue llevando a reconocer que se estaba perdiendo de tener una relación estable y duradera con la cual compartir momentos felices y también apoyarse en las dificultades.http://goo.gl/WV2jG

Sin embargo fue necesario preguntarle con cuales fortalezas contaba ahora que no tenía cuando era adolescente, lo que le ayudó a darse cuenta que podía plantearse una relación seria de compromiso, de dar y recibir, sin temer a salir herida. Por lo que pude preguntarle ¿qué quieres hacer de ahora en adelante con la próxima relación?, y en una muestra de valentía respondió: “quiero entregar mi amor, luego de asegurarme que es la persona correcta”. Me dijo que se sentía bien y que le parecía que había vuelto a nacer.

Hubo un par de sesiones más, en las cuales trabajó sobre su autoestima y algunas técnicas para mejorar en su capacidad de sanar heridas emocionales (aquí recomiendo al lector revisar el artículo previo sobre este tema en el link: http://goo.gl/rQZ4ws).

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