Tres Prohibiciones que limitan el éxito, p. 1

En mis sesiones de coaching resulta frecuente el escuchar situaciones relativas a programaciones limitativas que trae el coachee, generalmente originadas en tempranas etapas de la infancia.

Los padres no pasamos por una escuela para padres antes de tener a nuestros hijos. Por tal motivo aplicamos con ellos las mismas enseñanzas que recibimos de nuestros progenitores.

Desde que tomé conciencia de algunas programaciones limitativas que yo tenía y pude comenzar a trabajar en ellas para cambiarlas por otras que contribuyeran con mi progreso, y por tanto con mi éxito y felicidad, fue cuando comprendí que mis padres, y estoy seguro que es el caso de todos los progenitores, habían hecho con mi educación lo mejor que pudieron.

Es normal que los padres primerizos tengan muchos temores sobre cómo educar a sus hijos. Algunos, inclusive, logran comprender que tal vez puedan hacer algunos cambios en la forma de educar a sus hijos, respecto a la forma como ellos fueron criados. Esta es una comprensión intuitiva, producto de que algunos de sus comportamientos frente a la vida no les permiten tener buenas relaciones, les frenan de ser exitosos, les hacen retraídos, impulsivos y un sinfín de actitudes poco satisfactorias, por decirlo de alguna forma.

Una manera de clasificar las programaciones limitativas es en función del tipo de prohibición que nos generan. Típicamente podemos identificar tres tipos de restricción que son: 1. No Pienses, 2. No Hagas y 3. No Sientas. En esta entrega nos dedicaremos a la primera, y en la siguiente abordaremos las otras dos.

http://goo.gl/jhYrTa¿De qué forma nos programan a un “No Pienses”? Y es que es importante comprenderlo porque esto le permite al coach poder formular preguntas poderosas que ayuden al coachee a tomar conciencia de lo que le pasa y como lo limita.

El refranero popular de nuestros antepasados, el cual fue transmitido fielmente de generación en generación, cuenta con expresiones tan comunes como: “cuando piensas tanto terminas no haciendo nada”, “pensar mucho es mal consejero”, “el que se ríe solo de sus picardías se acuerda”, “de tanto pensar se volvió loco”, “no pierdas tanto tiempo pensando”, y otras más que pueden ser menos conocidas, pero igualmente perjudiciales en términos de limitar nuestra capacidad de analizar y soñar.http://goo.gl/Up4e6K

Poder pensar de forma analítica y objetiva nos ayuda a cuestionar falsas creencias que pueden generar conductas orientadas hacia una débil capacidad de descartar opiniones de terceros o a evitar una manera desproporcionada de reaccionar frente a las ideas de otras personas. En cualquier caso evita que nos hagamos dependientes de las demás personas y fácil presa de tendencias que pueden llevarnos por caminos equivocados, o que simplemente en algún momento nos hagan sentir que no somos nosotros mismos.

Es justamente la sensación de que estamos viviendo la vida conforme a las ideas de las demás personas, lo que como coach he podido observar que lleva a algunos coachees a experimentar un sentimiento de frustración o vacío en sus vidas. Pueden sentir que no son ellos mismos y que siempre hacen lo que otros les dicen. Lo que observo en algunos casos se ilustra con expresiones que estas personas usan, tales como: “tú sabes lo que es mejor para mí” o “nadie me conoce tan bien como tú, por eso hago lo que me sugieres”.http://goo.gl/cWG7J

Haciendo uso de nuestra capacidad de observadores: escuchando expresiones y mirando el lenguaje corporal del coachee vamos descubriendo que se trata de un caso de “No Pienses”. Es entonces que podemos formular preguntas poderosas orientadas a ayudarle a tomar conciencia de la forma como está viviendo, como le hace sentir realmente y que podría hacer para sentirse mejor consigo mismo.

Podemos preguntarle: ¿Qué le aconsejarías a un mejor amigo(a) que debe tomar una decisión trascendental?, y luego ¿y a ti mismo qué te dirías? Con las respuestas que nos dé podremos apreciar si se permite pensar para ayudar a alguien que le importa, y luego que pasa cuando debe pensar para ayudarse a sí mismo.

Según lo que diga, podremos formularle otras preguntas como: ¿qué diferencia experimentas entre aconsejar a un amigo y el pensar que sería lo mejor para ti mismo? Entonces podemos seguir con: ¿qué sientes al depender de las ideas de los demás?, ¿cómo te haría sentir si sigues tus propias ideas?, ¿hay algo que te limite a pensar?

Finalmente, dependiendo de lo que haya ido respondiendo podemos invitarlo a la acción con ¿cuál sería un primer paso que podrías dar a fin de decirte a ti mismo lo que quieres hacer?

Lo importante, como en toda sesión de coaching, es la toma de conciencia que logra el coachee de su situación, así como de las oportunidades que tiene. En este caso sus oportunidades son el darse permiso de pensar, e inclusive de soñar. El que sueña y luego actúa corre el riesgo de que se le cumplan sus sueños.

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