Una fábula de Fin de Año y Oración de Gratitud

Érase una vez una ciudad, de algún País del mundo, en la que todos anhelaban un poco de Paz y Bien. En el seno de una familia de esa ciudad ocurrió que el último día del año empezó de una manera poco usual.

El hijo menor de la casa, a quien llamaremos Juan, salió temprano a jugar con unos amigos, y le tocó presenciar un hecho que le dejó completamente consternado, aunque él no era especialmente sensible a lo que le ocurriera a las demás personas. Pero es que este hecho era capaz de mover hasta al más duro de los seres humanos.Jóvenes con amigos

Una pobre mujer, a la cual nunca había visto entre los mendigos de por esos lados de la ciudad, se desmayó. Muchos se acercaron, mientras Juan indiferente intentó seguir su camino. Pero uno de sus amigos insistió en detenerse, simplemente a mirar que estaba ocurriendo.

Juan no pudo seguir, porque los otros compañeros también quisieron mirar. Él dándosela de indiferente se acercó, y cuál no sería su sorpresa al ver a la mujer ya con los ojos abiertos, aunque todavía aturdida, quien le miró fijamente a él ignorando a los demás que estaban allí, inclusive a los que la habían ayudado a recuperar el conocimiento.

Pero no fue simplemente la mirada lo que le asombró, sino que en aquella mirada vio a su madre que había muerto hacía unos cuantos años. El la echaba mucho de menos, pero nunca lo decía; y por el contrario se mostraba muy fuerte ante los demás miembros de la familia. Algunos pensaban que Juan no extrañaba a su mamá, pero la abuela sabía que todo eso era pura fachada.

Pero no sólo se encontró con la mirada amorosa de su madre, sino que la mujer que yacía en el piso, le habló y le dijo: hijo quiero que abras tu corazón. Tu padre te necesita. Tus hermanos no saben cómo comunicarse contigo. Ve a casa y busca en la última gaveta de tu armario, donde siempre te guardaba las cosas que no querías que otros encontraran. Allí te dejé una oración la cual deseo que hagas con tu padre y tus hermanos. La abuela te ayudará. Ella fue quien me la enseñó.

Sorprendido e incrédulo por lo ocurrido, ya que ninguno de sus amigos se percató de que la mujer le había hablado. Pero a pesar de que creía que se trataba de una especie de alucinación no pudo dejar de mirar en la gaveta del armario. Claro, se decía él, que sólo lo hacía por curiosidad.

Oración 1Para su sorpresa encontró un papel un poco amarillo, y al abrirlo decía: “Oración de Gratitud”.  Comenzó a leerla con lágrimas en sus ojos, y la oración decía así:

“Señor mi Dios, sólo a Ti te pertenece el ayer, el hoy y el mañana, por ello quiero darte gracias por todo aquello que he recibido de ti a lo largo de este año. Gracias por la vida, por el amor, por las flores, por el aire que respiro, el sol que me calienta, por la alegría y también por el dolor, por cuanto fue posible y por lo que no pudo ser.

Te presento a las personas que a lo largo de estos meses amé, las amistades nuevas y los antiguos amores, los más cercanos a mí y los que están más lejos, los que me dieron su mano y aquellos a quienes pude ayudar, con los que compartí la vida, el trabajo, el dolor y la alegría.

También Señor, hoy quiero pedirte perdón por el tiempo perdido, por el dinero mal gastado, por la palabra inútil y el amor desperdiciado, perdón por las obras vacías y por el trabajo mal hecho, y perdón por vivir sin entusiasmo. También por la oración que poco a poco fui aplazando, y que hasta ahora vengo a presentarte, por todos mis olvidos, descuidos y silencios.

En los próximos días iniciaremos un nuevo año. Detengo mi vida ante el nuevo calendario y te presento estos días que sólo Tú sabes si llegaré a vivir.

Hoy te pido por mí y los míos, por la paz y la alegría, la fuerza y la prudencia, la humildad, la salud y la sabiduría. Quiero vivir cada día con optimismo y bondad, llevando a todas partes un corazón lleno de comprensión y paz. Cierra Tú mis oídos a toda falsedad, y mis labios a palabras mentirosas, egoístas o hirientes. Abre, en cambio, mi ser a todo lo que es bueno. Que mi espíritu se llene sólo de bendiciones y las derrame a cada paso que doy. Cólmame también de bondad y alegría, para que cuantos conviven conmigo o se acerquen a mí encuentren en mi vida un poquito de Ti.

Danos un año feliz y enséñanos a repartir felicidad. Amén”.

Al terminar de leerla sus ojos estaban llenos de lágrimas, pero de emoción y deseo de compartir aquello que acababa de leer. Inmediatamente se incorporó y se dirigió a donde estaba su abuela, mostrándole la oración. La abuela lloró de alegría al ver como Dios podía obrar cuando menos lo esperásemos, y juntos fueron a buscar a los demás miembros de la familia, con quienes se sentaron a orar.

De aquí en adelante la vida cambiaría profundamente para Juan. También para mí y para ti puede cambiar si abrimos nuestro corazón enjaulado y temeroso de salir herido. Vamos por un mejor año, pleno de dar y recibir amor.

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