Relaciones humanas en perspectiva

Seguramente que algunas veces nos preguntamos, y hasta lo comentamos en nuestro entorno, por qué es tan difícil convivir sin salir lastimados, o mejor aún, hacerlo de manera de tener relaciones que sean compatibles con nosotros, y nos llenen de felicidad. Posiblemente no creemos que haya alguien que pueda ayudarnos, y hasta lo terminamos aceptando, o inclusive justificamos nuestra forma de enfrentar la relación.

En el ámbito laboral, social e inclusive familiar nos encontramos con relaciones que generan fricciones o que nos hacen sentir incómodos. Pero, como decía una persona con la cual trabajé hace algún tiempo: “para pelear hacen falta dos, y yo no deseo pelear contigo”. Usaba mucho esta frase con un jefe muy polémico que teníamos; y más que polémico era una persona que difícilmente podía hablar con alguien sin descalificarla de alguna forma, e inclusive sin generar una polémica por cualquier cosa.

Este tipo de personas solemos encontrarlas, y créanme que no es fácil sentirse seguros y cómodos cuando la otra parte en la relación tiene ese perfil. Pero tampoco es fácil tener tanta sangre fría como para que en algún momento no caigamos en la tentación de ponernos a la par de ella y responder con conductas similares, que en definitiva nos llevan a la confrontación, y generalmente no acaban nada bien.

La más compleja de todas las relaciones es con la familia, sea con aquellos seres que conforman el hogar en el cual nacimos, o inclusive con la que elegimos para formar una nueva familia. Digo que es más compleja porque en realidad es la que más nos importa, ya sea porque hay vínculos de sangre o porque se trata de la pareja con la cual hemos decidido compartir nuestra vida. Lo que hace que estas relaciones tengan un nivel de complejidad mayor es el hecho indiscutible de que nuestra familia, o nuestros “seres queridos”, como comúnmente les llamamos, nos importan mucho, nos duelen en el alma y desearíamos tener con ellos una relación armoniosa y que nos llene de mucha alegría y felicidad.

Pero, ¿qué hace que algunas relaciones funcionen con continuos altos y bajos?, ¿qué las hace complejas y llenas de tanta polémica?, y ¿qué podemos hacer para que funcionen? Ciertamente que una solución sería la de evitar la confrontación, como lo decía el compañero de trabajo que mencioné previamente. Pero eso en realidad podría ayudar en una relación laboral o social, mientras no nos cansemos de tener una actitud pasiva, o mientras las agresiones del otro se hagan realmente poco dañinas gracias a nuestra posición de no ser polémicos.

Sin embargo cuando se trata de nuestra pareja, uno de nuestros padres, un hijo o algún hermano, a quienes nos unen lazos de afecto mucho más poderosos, la actitud evasiva antes referida sólo hace que se vaya acumulando un dolor interno, que es una de las emociones más dañinas que podemos alimentar. Es como una bomba de tiempo, que no sabemos cuándo puede explotar. Puede tratarse de semanas o meses, o tal vez años.

Las emociones negativas contenidas y acumuladas por una relación afectiva con la cual continuamente existen fricciones son altamente perjudiciales. Tienen consecuencias, que no sé si la ciencia las ha podido comprobar, pero que sólo mencionaré las más importantes: un gran resentimiento que acaba con el amor y nos hace fríos y distantes, una gran pelea que nos hace decir y hacer cosas de las cuales nos arrepentiremos el resto de nuestra vida, y una enfermedad de algún órgano vital, o hasta inclusive un cáncer.

¿Por qué llevamos tan lejos este tipo de situaciones, si podemos dar un giro que nos lleve por un camino más placentero?, ¿será que nos gusta sufrir, o tenemos miedo de enfrentar las cosas y empeorarlas, o simplemente no somos completamente conscientes del daño que nos hacemos?

Sin darle mucha importancia a las posibles respuestas que daríamos a estas preguntas, sólo quiero decir que si hay personas que pueden ayudarnos sin verse afectados porque no están involucrados, y porque saben cómo ayudarnos a ver la relación en otra perspectiva, a tomar distancia y como un observador identificar que es lo que está pasando.

Una de las cosas más importantes, y que normalmente no vemos cuando estamos en una relación tormentosa, es que soy yo quien debo hacer las cosas de forma diferente a como las he venido haciendo. Debo cambiar para sentirme mejor. ¿Qué puedo cambiar que me haga sentir bien? Respondiendo y actuando la relación comenzará a tomar un rumbo diferente y mejor, la otra persona sólo va a percibirte más feliz y más relajado, y es muy probable que esto traiga cambios en ella, que ni tu ni ella misma se los llegaron a plantear.

Deseoso de haber contribuido a que tengas una pequeña lucecita que te permita creer en que si hay posibilidades para ti, me despido hasta la siguiente entrega.

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