Ponerse en los zapatos del otro

Podemos estar haciendo daño a otras personas y creer honestamente que lo que hacemos es lo mejor y lo más correcto. Es decir, que como dice el dicho popular “el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones”.

Inclusive, en muchos casos ni siquiera se trata de buenas intenciones, debido a que nuestra actuación es fundamentalmente inconsciente. Sin darnos cuenta hemos adoptado una conducta hacia la otra persona, en la cual el resultado de nuestras acciones está activando emociones negativas en el otro.

En la relación de pareja podemos estar imponiendo nuestro punto de vista en algún área de la convivencia, con el firme convencimiento de que lo que hacemos es lo “aceptable socialmente”, pero no nos damos cuenta de la molestia que estamos generando, y la parte afectada sólo llega a mostrar signos de incomodidad, pero se amolda para no generar conflictos o porque cree que así debe ser en toda pareja. En algún momento pueden presentarse estallidos producto de la incomodidad acumulada.

En nuestros trabajos podemos exigir a nuestros colaboradores respuestas en función de normas muy estrictas, o inclusive de nuestra interpretación exagerada. En este entorno la relación de jerarquía y la poca posibilidad a una mejor y más franca comunicación, hacen que el colaborador se mantenga en una actitud de sumisión. De mantenerse esta situación en el tiempo se va generando un sentimiento de incomodidad que puede llegar a afectar la productividad laboral.

El cliente llega al coach porque está confrontando algunas diferencias de opinión con su pareja o con su colaborador. Es una excelente herramienta de coaching la de hacer que el cliente se ponga en los zapatos del otro. Lo que quiero decir es experimentar en carne propia lo que la otra persona puede estar sintiendo. En otras palabras abrigar el sentimiento de empatía hacia el otro.

Hay varias formas para lograr que podamos comprender las emociones que se están generando en el otro a causa de nuestra conducta. Un coach generalmente utiliza dos de esas formas.

La primera es a través de sus preguntas poderosas. ¿Qué preguntas se pueden usar? Sólo daré algunas para ilustrar, ya que cada situación puede requerir preguntas muy específicas. Podemos preguntar: ¿has pensado que tal vez la “otra persona” podría no compartir tu punto de vista y no te lo dice para no herirte?, ¿qué crees que experimentaría una persona a la cual le impongas tu punto de vista?, ¿cómo te sentirías si alguien te quisiera imponer lo que piensa?

La segunda, y tal vez más efectiva, es la de cambiar de roles; es decir el coach toma el rol de su cliente y le pide que tome el rol de la otra persona. Durante este cambio de roles el coach le plantearía situaciones a su cliente (que en ese momento está representando a la otra persona afectada) tales como: dile a tu jefe o a tu pareja como te sientes cuando él o ella te dice…., o ¿qué sugerencia le harías a tu jefe o a tu pareja para que mejorase la relación contigo? Al tener que representar este rol la persona que está siendo inflexible, o simplemente no está poniéndose en los zapatos del otro, experimentará por un momento lo que el otro siente, y seguramente se llenará de compasión y disposición a cambiar para mejorar la relación.

Te invito a poner en práctica estos principios tan sencillos, pero de gran impacto, a fin de ayudar a mejorar las relaciones.

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